El cáñamo podría salvar la economía y el patrimonio cultural de una zona olvidada en Marruecos

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El lugar lleva por nombre el Alto Rif Central. Desde la independencia de Marruecos en 1956, esta zona carece de muchas facilidades. El empleo digno es escaso debido a sus condiciones de altitud y el clima hacen que la vida sea dura para los habitantes.

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Dichas circunstancias dificultan el desarrollo de una densa población de 450,000 personas cuyas familias a veces asciende hasta 8 integrantes. Su forma de vida normalmente es de agricultores y una de las plantas que más se siembra es el cannabis, según medios marroquíes, estas plantaciones mantienen a más de 80,000 de ellos.

No obstante, hay una característica que diferencia a un sector en especial: la siembra de cáñamo. Una etnia del Alto Rif Central, los Bereberes Senhaja de Srair, cultivan el cáñamo desde hace siglos y eran los únicos autorizados de sembrar cáñamo mediante a decretos del Alto Comisario del Protectorado Español.

Lo que pasa es que desde hace unas décadas el territorio ha sido tomado por el mercado negro que se encargan de distribuirlo a nivel internacional, y esto surgió a partir de la expansión del cultivo a zonas alejadas de la zona histórica de Issaguen, tradicionalmente conocida como Ketama. 

Es por esto que Adellatife Adebibe, presidente del Asociación para el desarrollo de la región del Senhaja del Rif (CASRD) se unió junto a la arquitecta alemana Monika Brümmer especialista y dueña de Cannabric, una empresa dedicada a la construcción, investigación y fabricación de materiales con cáñamo.

“La tierra es todo para la tribu de Senhaja y no se van a ir de ahí, entonces debemos proponer alguna solución para ellos”, dijo Adebibe.

Abdellatif Adebibe ante una casa tradicional en el Alto Rif Central.

Abdellatif Adebibe ante una casa tradicional en el Alto Rif Central.

En este lugar nace una variedad autóctona que se ha adaptado durante siglos al clima, altitud y al relieve de la zona. Además de ser un pueblo que se enfrentó a la ocupación colonial. El puebo vive en condiciones precarias de origen educativo, sanitario y de estructura, además el avance del autocultivo en Europa ha disminuido la demanda de Kif (cannabis).

Ambos, intentan lanzar proyectos que buscan la autorización para utilizar alrededor de 8 mil toneladas de cáñamo para ser aprovechadas en energía, arquitectura y ecología.

“En alianza con el Ministerio de Cultura estamos en tramites de conseguir la protección del hábitat tradicional de los cultivadores de Kif así como los medios para su restauración con fines turísticos, educativos y culturales. Con la restauración energética del hábitat tradicional queremos crear viviendas dignas y reducir la necesidad de la leña de calefacción y cocina”, escribe Brümmer en una publicación de una revista de eco-construcción.

Nuevas políticas

Monika Brümmer con niños de la tribu Senhaja del Rif en el patio de su casa.

Monika Brümmer con niños de la tribu Senhaja del Rif en el patio de su casa.

El 18/19 marzo de 2016, la ciudad de Tanger acogió el Coloquio Internacional sobre el Cannabis y las Drogas, organizado por el Consejo Regional de Tanger-Tetouan-Al Hoceima, en partenariado con la Asociación ALCS y la Confederación CASRD y en colaboración con la arquitecta Monika Brümmer, en el que se llegó a un consenso esperanzador: el nuevo presidente de la región Ilyas El Omari, se mostró abierto a despenalizar y proteger los derechos al desarrollo de las personas afectadas por las políticas de droga actuales.

La diversidad de productos que pueden obtenerse del cáñamo puede ser una opción que empiece a despertar el interés de los políticos de Marruecos. El país podría empezar a construir una industria a base de productos textiles, de construcción, de alimentación, de salud, higiene y de uso cotidiano.

“El tema ha gustado tanto que ha sido un gran éxito a nivel nacional”, comentó Monika Brümmer en una conversación desde Granada. Además manifestó que el proyecto ya respaldado por la clase política.

Según un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), el cannabis representa en el Producto Interno Bruto (PIB) marroquí alrededor del 10%, siendo este país el mayor exportador del mundo por encima de Afganistan y Jamaica.

Aún así, cada familia no gana más de 2500-4500 euros al año. Los campesinos quieren dejar de ser tratados como marionetas de los narcotraficantes y que por fin se reconozca su tradición cultural así como el derecho a beneficiarse de las bondades de esta planta.

Fotos: Monika Brümmer

 

 

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