¿Ministro de Inseguridad?

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El ministro de seguridad, Gustavo Mata se mostró alarmado por la cantidad de cocaína que circula en las playas del país, en la comparecencia de ayer ante la Comisión de Seguridad y Narcotráfico de la Asamblea Legislativa.

Como si hubiera descubierto el agua tibia (Nación 16/2): “No existe playa en Costa Rica donde el narco no haya penetrado una embarcación con cocaína, proveniente de Colombia”.

No sabemos si acaba de darse cuenta de una realidad que tiene más de 20 años, o si solamente estaba contextualizando que este año Colombia producirá 2000 toneladas de cocaína que viajarán hacia al norte, según las autoridades colombianas.

Falta de carácter

No se pone en duda las buenas intenciones del ministro, pero cada vez que habla del tema parece estar alarmado de la realidad a la que se enfreta. Recientemente, tuvo que ser sermoneado por el diputado libertario Otto Guevara que se burlaba entonces de su amenaza de renuncia si los diputados no aumentaban el presupuesto de seguridad.

En tiempos donde el cannabis jamaiquino pulula dentro de los colegios y el dinero del narcotráfico empieza infiltrarse dentro de las instituciones del Estado, el ministro propone armas.

Cuando Mata reconoce que una tonelada de cannabis puesta en el mercado negro genera alrededor de $10.000.000, pero su solución es contratar más policías, no demuestra sabiduría, demuestra falta de carácter.

Nuestro máximo representante podría reunirse con el señor ministro de defensa colombiano Luis Carlos Villegas con el propósito de que este le explique la regulación del cannabis en su país.

Si tan alarmado se encuentra, podría ofrecer alternativas al problema que no se burlen de los numerosos estudios, libros y estadísticas que indican que la guerra contra el cannabis prensado jamaiquino y la cocaína, no se va a ganar con más armas.

Nueva política, viejos resultados.

Después de sus rabietas del año pasado, el ministro logró que el presupuesto de seguridad tomara “prestado” recursos del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), para contratar nuevos policías. El país de paz que se arma contra el narco, dicho sea de paso, ¿cuánto nos cuesta a los costarricenses la contratación de 1.500 policías y la implementación de capacitaciones?

En la cabeza del ministro la palabra “legalización” no suena bien, pero hay que aceptar que las políticas que ha aplicado el gobierno en este campo, se quedan cortas para la realidad que el mercado del narcotráfico amerita.

De sus palabras: “No podemos luchar contra ese monstruo (crimen organizado) con un tenedor, necesitamos esa ley”, manifestó el Ministro Mata.

Como respuesta, el presidente Guillermo Solís y su ministro decidieron proponer una nueva ley cuya finalidad es que las autoridades decomisen los bienes de aquellas personas que no puedan comprobar la legitimidad del dinero.

El proyecto lleva por nombre Ley de Extinción de Dominio y como es de esperarse se expone como (Prensa Libre 16/2) “la solución más importante para el narcotráfico”. Las razones del presidente aluden a que es la forma de golpear las finanzas de las organizaciones.

Habrá que esperar, pero citando a Eduardo Galeano su plan “rasca donde no pica”… Mientras haya una demanda existirá siempre una oferta. Y en disminuir la demanda, el Instituto Costarricense sobre drogas (ICD) y el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) han fracasado.

Lo demás será como las reparaciones anteriormente realizadas al puente “la platina”, pues la realidad de un país que se ha vuelto consumidor ha modificado el panorama.

Por el momento, las políticas del “ejército de policias” opacan la imagen mundial de Costa Rica como “país de paz y el más feliz del mundo”, y es un desacierto claro para el Ministerio de Seguridad.

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