Testimonio: “Una sola medicina me ayudó con todos los males que padecía”

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La sonrisa que caracteriza la personalidad de A.L Villalón por poco se apaga. Corría el año 2013, y mientras realizaba su trabajo habitual en los Estados Unidos, cayó desmayada, percatándose del evento una semana después dentro de una sala de hospital.

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En ese momento, sintió que el mundo se detenía.  Había caído en coma y sus manos carecían de movimiento. En su pensamiento de mujer con 29 años, costarricense, no entendía cómo había llegado a ese estado a su corta edad. Y pensar que podría perder la movilidad de sus extremidades completamente, la hizo entrar en pánico.

Microbióloga de profesión, se levantó un día por la mañana y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba inmovilizada. Sin ningún síntoma previo, había caído en un estado de coma y los doctores no se explicaban cuál era la enfermedad. Hacía frío en Nueva Jersey y sus extremidades no respondían a los más efectivos medicamentos. Pensaba en sus hijos y en su trabajo por cuya experiencia entendía el teje y maneje de los hospitales.

Pese a que nunca le dijeron con firmeza lo que le sucedía, los síntomas que presentaba eran claros: parálisis en sus extremidades. Luego de una visita por los pasillos de los reumatólogos, neurólogos, Ana Laura logra retomar su vida, esta vez desde una silla de ruedas.

“Una vez que se dieron las especulaciones, me llenaron la mesa de noche de medicamentos, y eso me empezó a generar un circulo feo porque me sacaba otros síntomas a los que yo tenía”, explica.

Varios meses continuó el problema. Los doctores no eran indiferentes ante su realidad, pero la frustración cada vez se imponía en su cotidianidad. Entre esos síntomas otros, Villalón, confiesa que el factor anímico cayó en picada hasta generarle una depresión que a la misma vez se combinaba con su falta de sueño y apetito.

Su conocimiento como microbióloga la llevó a la conclusión de que, si seguía tomando el coctel de pastillas, a la larga, el efecto resultaría más bien contraproducente. ¿Qué hacer si los medicamentos no funcionan? Ella no sabía, pero meses después decide poner fin a los fármacos.

“En ese momento, el médico frustrado ante mi realidad […] Me pregunta si sabía algo del cannabis como medicina. Le digo que sí, entonces me dice que él es registrado como médico y que si lo quiero intentar”

Luego de un papeleo, que confiesa es complicado, entra en el programa de cannabis medicinal de la ciudad en la que residía. Aprende por medio de seminarios, sobre el sistema endocannabinoide y la forma en que este interactúa con su cuerpo en favor de su condición. Así bien, los métodos y formas adecuadas para un consumo medicinal de la sustancia, de acuerdo con su peso.

La medicina que fue mejor que todas las demás

Cuando el cannabis empezó a ser su remedio, Ana Laura, mantenía ya serios problemas de apetito lo que había desembocado en una anorexia; acompañada de los dolores crónicos producto de las parálisis en sus manos que yacían en forma de garra.

“No me podía mover. En un momento, hasta llegué a pensar que era mejor que me cortaran las manos”, confiesa en su testimonio a MCN.

En su tribulación, el cannabis, según confiesa, primero influyó en provocarle un bienestar emocional. Estos beneficios, fueron producto del aumento del apetito y la regulación del sueño. Su depresión poco a poco se fue diluyendo entre sonrisas y un sentimiento de satisfacción la hacía volver poco a poco en sí.

Su mejora tomó tiempo. Una galletita diaria con extracto de mantequilla de cannabis bastaba para que tuviera un efecto analgésico durante las 6 horas siguientes. Ella misma lo cocinaba y adquiría la hierba de un lugar controlado y autorizado. Era su medicina matutina. En poco, pudo levantarse de la cama, debido al alivio que comenzó a sentir en su cuerpo.

En esos momentos, aquellos espasmos y pensamientos contra sí misma, dejaron de aparecer en su mente. Todo lo anterior, iba acuerpado con el respaldo médico y terapias físicas a las que pudo asistir con mayor regularidad una vez que se levantó de la cama. Su vida había mejorado.

De vuelta a Costa Rica

Hace dos años que volvió a Costa Rica. Aunque volvió a tener la sonrisa que la caracteriza, la enfermedad siempre la acompaña. Pasar de un programa de cannabis medicinal, controlado y seguro, a una ilegalidad del narcotráfico centroamericano, la ha mantenido durante un limbo.

El conocimiento nadie se lo quita, y por ello, se las ha ingeniado para proveerse de la medicina. Aun así, sostiene que todos los pacientes necesitan de programas informativos actualizados acuerpados al conocimiento médico del que hoy día carece la comunidad médica costarricense.

“Es muy frustrante porque yo sigo teniendo la enfermedad, eso no se va. Donde sea que yo viva, mi enfermedad está conmigo. Y necesito un tratamiento… es muy duro”, añade.

Una planta como la manzanilla. Ana Laura recurre a un remedio tan casero para las familias costarricenses, que finalmente, resume la idea: el cannabis es también una planta. Aquellos que prefieren unas gotas de aceite de cannabis antes que un acetaminofén, parecen hoy día estar en desventaja y ante el marcado rezago institucional de los centros médicos.

“Es algo que debería ser respetado tanto como yo respeto a la persona que decide tomarse cualquier cosa que le mande el doctor. Yo también quisiera, si decido consumir cannabis para ayudar mis males físicos, tener esa opción”.

 

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