Trastornos mentales y drogas: el caso de los alucinógenos

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Las drogas no son nada nuevo en el panorama de la existencia humana, si bien las epidemias de abuso y drogadicción seguramente lo son. Las culturas asociadas al uso de la droga son infinitamente variadas, pero las drogas en general son más o menos ubicuas entre nuestra especie.

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La célebre lista de “universales humanos” compilada por el antropólogo Donald E. Brown, por ejemplo, incluye al “uso de técnicas y/o sustancias que alteran la conciencia o el humor” como uno de los componentes esenciales de la cultura humana, junto con la música, la resolución de conflictos, el lenguaje y el juego.

Asimismo, evidencias genéticas recientes indican que en realidad hemos estado consumiendo drogas desde mucho antes incluso de ser seres humanos.

¿Puede el consumo de drogas ser considerado un trastorno mental en sí mismo? ¿Es acaso este difundido instinto inherentemente patológico o maladaptativo? Ciertamente cabría preguntarse: ¿cuáles son los orígenes de este impulso universal? ¿A cuáles rasgos humanos esenciales asiste? Y del mismo modo: ¿qué tan profundo en nuestro pasado evolutivo se extienden sus raíces?

Indistintamente de las respuestas que las ciencias naturales y sociales puedan dar a dichas interrogantes, es innegable que las sustancias psicoactivas han desempeñado un rol central en la historia, la religión, la ciencia y la cultura. Por consiguiente, es tiempo de superar las interpretaciones simplistas del fenómeno y de derrocar las soluciones reduccionistas y de índole represiva, que se esgrimen hoy en día para “solucionar” el “problema de las drogas”.

Evidentemente, la tendencia a adscribir una relación causal entre el uso de drogas (en general) y el deterioro mental, personal y social también ha de ser reevaluada en vista de estas perspectivas.

En este sentido, quiero referirme con mayor detalle a un grupo de sustancias psicoactivas en particular: los llamados alucinógenos o psicodélicos. Los alucinógenos son compuestos psicoactivos de muy baja toxicidad, carentes de potencial adictivo, que han sido utilizados tradicionalmente en rituales religiosos y en prácticas espirituales y de sanación.

Dichas sustancias que ocurren naturalmente en varias plantas y hongos y pueden ser sintetizadas artificialmente, incluyen a la dietilamida del ácido lisérgico (LSD), la dimetiltriptamina (DMT), la mescalina y la psilocibina. Notablemente, estas drogas han sido altamente estimadas por la humanidad, en un nivel transcultural, debido a que producen un estado modificado de la conciencia, caracterizado por cambios en la percepción, alucinaciones o visiones, éxtasis, disolución de los límites de sí mismo y la experiencia de unión con el mundo.

Recientemente, científicos de la unidad de investigación en Neuropsicofarmacología y Neuroimagen de la Universidad de Zúrich, en Suiza, han reafirmado lo que los sanadores chamanísticos quienes han utilizado estas “plantas visionarias” han argüido desde hace mucho tiempo: las plantas y los hongos alucinatorios, efectivamente, poseen un potencial clínico excepcional en el tratamiento de algunos desórdenes psiquiátricos.

El artículo que describe los hallazgos de la investigación “The neurobiology of psychedelic drugs:
implications for the treatment of mood disorders” fue publicado en la prestigiosa revista Nature Reviews Neuroscience. Dicho trabajo examina evidencias las cuales indican que los alucinógenos modulan los circuitos neurales que han sido implicados en trastornos afectivos y del humor, y pueden reducir los síntomas clínicos de estos desórdenes.

Los compuestos psicodélicos en conjunto con psicoterapia podrían ser particularmente eficientes clínicamente en el tratamiento de la depresión grave, desórdenes de la ansiedad y el estrés, así como en el trastorno obsesivo compulsivo. Otros usos terapéuticos de dichas sustancias podrían ser en el tratamiento de afecciones de dolor crónico, y en casos de alcoholismo y drogadicción.

Investigadores en Harvard han reportado la efectividad de dosis sub-alucinatorias de LSD en el tratamiento de la cefalea en racimos (“dolores de cabeza suicidas”). Del mismo modo, un reciente artículo publicado en The Archives of General Psychiatry ha establecido la viabilidad y seguridad de administrar dosis moderadas
de psilocibina (compuesto activo de los hongos psilocibios), a pacientes con cáncer en estado avanzado y que sufren de ansiedad existencial.

Los resultados revelaron una tendencia positiva hacia una mejora persistente en el estado de ánimo y la ansiedad.

Por si fuera poco, científicos de la Universidad de John Hopkins han realizado investigaciones rigurosas las cuales han demostrado también el potencial transformativo y terapéutico de los alucinógenos en adultos saludables normales. Roland Griffiths y sus colegas hallaron que cuando se administra bajo condiciones de apoyo, la psilocibina puede ocasionar experiencias de tipo místico, las cuales son consideradas por los voluntarios como de un substancial significado personal y de una gran importancia espiritual.

En un seguimiento 14 meses después, los individuos continuaban atribuyendo a la experiencia cambios positivos sostenidos en actitudes y comportamiento, consistentes con cambios valorados por observadores de la comunidad.

Por lo tanto, el uso adecuado de los alucinógenos puede promover la salud mental en lugar de causar trastornos mentales. Los alucinógenos, utilizados apropiadamente—en particular como herramientas en la psicoterapia y para el desarrollo espiritual—poseen un potencial heurístico, salutogénico y correctivo substancial: del máximo valor investigativo, y con importantes implicaciones para la ciencia, la medicina y la humanidad.

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