Carta abierta a la diputada Zoila Volio sobre autocultivo

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Por Jorge Albán

Buenos días Sra. diputada Zoila Rosa Volio Pacheco, espero se encuentre bien y que ni usted ni miembro alguno de su familia haya descubierto las limitaciones o insostenibilidad económica de los medicamentos industriales para tratar dolores crónicos o padecimientos agudos.

Escribo con gran preocupación por el proyecto “LEY DE PRODUCCIÓN DE CANNABIS Y CAÑAMO PARA FINES MEDICINALES” Expediente número 21,315, que su oficina impulsa en la Asamblea Legislativa (https://drive.google.com/file/d/1T7NbmAha0Ky7kMlZ-3x4mS16Q9COnh3Y/view).

El mismo criminaliza a amplios sectores de la población que hoy en día emplean el autocultivo hortícola de estas plantas, en particular el cannabis, de manera artesanal para mejorar su calidad de vida ante padecimientos y malestares varios.

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El autocultivo hortícola personal, sin fines comerciales ya fue avalado como derecho humano inalienable por la Sala Tercera en el caso del Licenciado Mario Alberto Cerdas (https://youtu.be/iq44xdAJASc ), tanto por tratarse de una convención internacional suscrita por nuestro país, como por hallarse presente como derecho explícito en nuestra constitución.

Este proyecto de ley propone elementos que contradicen convenciones internacionales y hasta la misma Carta Magna, es decir violenta el orden jurídico establecido.

Nota: Lea propuesta de la diputada Volio aquí

Por otro lado, y no menos grave, este proyecto desatiende el consumo recreativo (ampliamemte demostrado como menos nocivo y adictivo que tabaco o alcohol y ni hablar de opiáceos -como puede leer aquí-, que urge regulación y ya ha sido avalado o se encuentra en proceso de ser avalado en numerosos países de la región, entre ellos los EEUU.

Los expertos en drogas del Organización Mundial de la Salud (WHO, en sus siglas en inglés) recomiendan ahora retirar el cannabis y sus derivados de la Lista IV de la Convención de Estupefacientes de 1961) y situarlo en uno menos restrictivo, la Lista I.

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Cada día se acumula más evidencia científica de que el cannabis y su uso recreativo debe tratarse como problema de salud, no como criminalidad, que no puede seguir dejándose en manos del crimen organizado o de la fracasada y racista “guerra contra las drogas“.

Cordialmente sugiero regular el tema de las licencias para autocultivo, cultivo solidario y cultivo comunitario, de manera que clubes, asociaciones civiles sin fines de lucro y fundaciones puedan cultivar y suplir a sus miembros acreditados con cannabis y extractos artesanales de calidad a precios de interés social.

Pretender que quienes autocultivan cannabis lo dejen de hacer por esta ley es, no solo absurdo, sino que pondría a la fuerza pública costarricense en una situación de represión insostenible contra usuarios y pacientes.

Criminalizar o sacrificar a personas de escasos recursos económicos con dolores crónicos o agudos, en fase terminal, recibiendo quimioterapia, con artritis reumatoide, fibromialgia, insomnio, anorexia, neuropatías, epilepsia, ansiedad, temores, alzheimer, depresión, parkinson, esclerosis, lupus, inflamaciones, demencia, entre otros, tampoco es coherente con la forma de vida solidaria costarricense.

El cannabis hortícola casero, al igual que el cultivo casero de ruda, menta o el romero, es un remedio ancestral, efectivo y barato para controlar dolores y padecimientos que han saturado a nuestro seguro social y puesto en evidencia las limitaciones de la medicina industrial, cargada de horribles efectos secundarios, como daño renal, hepático y cardiovascular, entre otros.

Este proyecto de ley debe contemplar tanto el autocultivo recreativo como el compasivo (en modalidades solidarias y comunitarias) para proporcionar calidad de vida y sostenibilidad económica en tan difíciles momentos, tanto a pacientes sobrevivientes como a aquellos terminales y a sus cuidadores.

Aceites tópicos, gotas y comestibles producidos artesanalmente a partir de cannabis, permiten que personas con padecimientos crónicos sobrevivan con calidad de vida o fallezcan con poco o ningún dolor, sin los horrendos efectos secundarios de opiáceos como tramal, codeína, metadona o morfina.

Por lo tanto coincidimos con usted y celebramos la voluntad de regular la producción de aceites, unguentos y otros productos de cannabis en Costa Rica, para garantizar su pureza, consistencia y calidad, pero diferimos en entregar exclusivamente a grandes empresas, guiadas por el lucro, su producción.

El aceite artesanal producto de autocultivos ya sea personales o de clubes, asociaciones solidarias y comunitarias es un elemento esencial que debe incorporarse a este proyecto de ley para permitir su acceso a personas de escasos recursos que lo requieren de forma diaria sin recargar aún más a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) y así, respetando su derecho al autocultivo (no al “autoconsumo” al que ultimamente hace referencia para “enredar” las cosas)

El Sativex, producto industrial de la farmacéutica británica GW Pharmaceutical, cuesta casi 600 US$ y apenas alcanza para un mes de tratamiento liviano de síntomas asociados a la esclerosis múltiple, rigidez muscular, dolor y espasmos.

Su costo es 25 veces mayor que el de extractos artesanales disponible en expendios de productos cannabicos, en países donde su venta ya es legal.

Costa Rica necesita una ley de regulación del cannabis holística y con visión social, que facilite no solo el lucro de unos pocos sino también el acceso de muchos a tratamiento solidario y compasivo con cannabis.

Respetuosamente se despide uno de muchos ciudadanos y ciudadanas dispuestas a defender su derecho al autocultivo y la salud.

Jorge Albán Dobles
Ced. 107110859

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